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43 de años de “La Noche de los Lápices”

Un 16 de septiembre de 1976 el gobierno de facto, que decidió manejar las riendas políticas, económicas y sociales de la Argentina, secuestró y torturó a 10 jóvenes que, un año antes, participaron de la implementación del Boleto Estudiantil Secundario.

Se cumplen 43 años de una de las mayores atrocidades cometidas por la dictadura cívico-militar liderada por los militares Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti y Leopoldo Fortunato Galtieri. En aquella tumultosa década de los `70 argentinos, en la política nacional surgieron nuevos actores sociales, entre ellos, los estudiantes secundarios. Quienes durante el año 1975, cuando el país era presidido por Isabel de Perón, los jóvenes estudiantes de secundario se concentraron y unieron para lograr un derecho fundamental: el Boleto Estudiantil Secundario (BES). Un año después, este derecho fue suspendido por la Junta Militar, que, también, se encargó de secuestrar y torturar a 10 jóvenes (nueve eran estudiantes de nivel secundario) que habían participado militantemente en la implementación del BES. Seis de ellos, 43 años después, aún se encuentran desaparecidos. 

El historiador argentino, Felipe Pigna, detalla, en un artículo referido al tema en la web ElHistoriador.com, el contexto en el cual el gobierno de “Isabelita”, previo al golpe de Estado de 1976, decide oír los reclamos de los estudiantes: “La mayoría, de estos, provenían de hogares de clase media, no tenían problema en pagar el boleto de colectivo, pero sabían que había muchos de sus compañeros que no, que ya a esa corta edad tenían antigüedad en sus trabajos y que había que conseguir el boleto estudiantil para todos. Comenzaron a organizarse en cada colegio y del colegio al barrio y de ahí a la zona y nació así la Coordinadora de Estudiantes Secundarios que nucleaba a miles de ellos de todos lados y logró arrancarle al gobierno de Isabel aquel derecho. Fueron días de festejo acotado, corrido por gases y vigilado de cerca por la Triple A”.

En 1976, con el golpe ya perpetuado, los militares autoproclamados al poder, decidieron suspender el BES en agosto de ese año. Tras tensiones, enfrentamientos y detenciones entre las partes, entre la madrugada del 16 de septiembre y la mañana del 17, los jóvenes Claudio de Acha, Gustavo Calotti, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Patricia Miranda, Emilce Moler, Daniel A. Racero y Horacio Ungaro fueron detenidos por orden del comisario general Alfredo Fernández y del coronel Ricardo Eugenio Campoamir, del Batallón 601, del Servicio de Inteligencia del Ejército​. Los secuestrados, en el momento de la captura, tenían entre 16 y 19 años.

Los secuestros fueron llevados a cabo por miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en aquel entonces por el general Ramón Camps y Miguel Etchecolatz.

Las primeras horas, permanecieron detenidos en la “División Cuetrerismo” de la policía bonaerense, donde funcionaba el Centro de Detención Clandestino “Arana”. De allí pasaron a la División de Investigaciones de Banfield, conocido como “Pozo de Banfield”, y algunos, a la Brigada de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, conocido como el “Pozo de Quilmes”.

Pablo Díaz, sobreviviente de la “Noche de los Lapices”, quien en el momento de ser secuestrado tenía 19 años, describió a Pigna las atrocidades por las cuales tuvieron que pasar los jóvenes: “En el Pozo de Banfield, éramos adolescentes que teníamos a nuestro cuidado mujeres embarazadas. En el período en que nosotros estuvimos, desde septiembre a diciembre de 1976, fuimos testigos de tres partos. Nos ponían en un calabozo con una compañera embarazada a punto de dar a luz y cuando ellas empezaban con trabajo de parto teníamos que golpear fuertemente la celda. Estábamos en el tercer piso y hoy se sabe que en el segundo piso de donde estábamos nosotros estaba la sala de parto del médico Jorge Bergés. Tuvimos tres situaciones de ésas. Golpeábamos la celda, las venían a buscar y después escuchábamos el llanto del bebé. Nosotros, tanto los adolescentes que estábamos en el traslado final como las mujeres embarazadas, a las que el único cuidado apuntaba a lo que tenían dentro de la pancita, éramos residuos. Como tales, éramos mantenidos. No teníamos un destino presupuesto”.

Díaz afirmó que el boleto estudiantil, que habían conseguido en septiembre de 1975, fue suspendido en agosto de 1976 con la intención de detectar, mediante un trabajo de inteligencia, quiénes eran los líderes en cada escuela e ir a buscarlos. Al respecto, mencionó un documento hallado en la Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires, titulado La Noche de los Lápices, firmado por Alfredo Fernández, en el que se describían las acciones a realizar contra los estudiantes, a quienes se calificaba como “integrantes de un potencial semillero subversivo”​.

Moler y Díaz recuperaron la libertad tras permanecer dos años,entre cautivos y detenidos. Miranda, salió con vida de Arana, la trasladaron al Pozo de Quilmes y finalmente quedó alojada en la cárcel de Villa Devoto, a disposición del Poder Ejecutivo hasta marzo de 1978. Calotti, que había terminado el secundario un año antes, cayó en cautiverio el 8 de septiembre, y se lo considera un sobreviviente de estos hechos, ya que padeció la tortura junto a estos jóvenes. 

Hasta la fecha de hoy, Claudio de Hacha, María Clara Cocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntanes, Daniel Racero y Horacio Ungaro se encuentran desaparecidos, y, junto a 226 jóvenes más, componen la nómina de 232 adolescentes secuestrados durante la última dictadura militar. 43 años después, sus lápices siguen escribiendo. Nunca más.